Recuerdo la primera vez que visité a Vicente y lo que me dijo: “Cada que vengas a terapia, estarás al borde del precipicio y verás cara a cara a un monstruo”; gracias por ayudarme a aceptar y vencer a ese monstruo, pero sobre todo por darme uno de los regalos que más atesoro: El autoconocimiento.”

 

 

Francisco Ciudad de México